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Perros de rescate: más que amigos PDF Imprimir E-Mail
Por Paola Bruno Foto: Pablo López
Para Pucho, un inteligente labrador negro, no fue fácil llegar a Mendoza desde Bariloche para participar del Primer Congreso Argentino de Perros de Búsqueda y Rescate. Su guía, Juan Manuel de la Rosa, no conseguía bajar los costos del viaje. Pero como la voluntad hace la fuerza, dos días antes del inicio del evento, un camionero que venía a esta provincia a comprar fruta accedió a traerlos. Así, hombre y animal viajaron algo más de 22 horas con el único objetivo de aprender para ayudar.

Para Fado, un ovejero alemán de dos años, la estadía en Mendoza no ha sido nada fácil. Cuando salió de Bariloche la temperatura máxima era de 15 grados, al llegar el termómetro marcaba 35. Sin duda la ola de calor de la última semana lo afectó. Sin embargo, su predisposición al juego le permitió realizar el entrenamiento.

“Cuando tenía 14 meses trabajamos en la avalancha registrada en el cerro Ventana. En esa ocasión pudo detectar objetos que dieron con el paradero de los chicos fallecidos”, contó orgulloso su instructor, Eduardo Capelan. Es más, el buen trabajo de ambos los ha llevado a sumarse a las filas de los bomberos de esa ciudad.

Como Pucho y Fado, 18 animales más -y 35 personas- están participando del congreso más importante de América Latina en el adiestramiento de perros rescatistas. La mayoría de los participantes son voluntarios y llegaron desde Colombia, Venezuela, Chile, Uruguay y Paraguay. También participan dos animales de la sección perros de guerra del Ejército Argentino, perros de Bomberos de Mendoza y del grupo de Defensa Civil de Godoy Cruz.

Sin importar las nacionalidades -y bajo la primera sombra de los árboles del parque General San Martín- la acción comenzó. Los animales tenían que poder “marcar” la zona en la que podría haber una persona en caso de catástrofe. Sack, un ovejero del Ejército Argentino, a pesar de tener una de sus patas traseras vendadas (el terreno caliente se la lastimó), también puso empeño y trabajó.

“La capacitación consiste en un juego de escondidas en que el perro aprende a buscar y a encontrar gente. El animal sólo vino a jugar, los que sufren y trabajan son los guías”, aseguró el experto colombiano Engels Trujillo, quien cuenta con 18 años de experiencia.

Una actividad de larga data

La actividad que por estos días está llevando adelante el grupo Aconcagua K-Sar Mendoza cuenta con vastos antecedentes. Entre los años 1660 y 1708 algunos de ellos ya salvaban vidas humanas. Durante la Primera Guerra Mundial, los alemanes necesitaron de su destreza para buscar áreas de operación. Hacia el final de la Segunda Guerra, ya estaban incorporados al trabajo.

Mucho más acá en el tiempo, el objetivo se mantiene y la técnica se perfecciona. Por eso los animales tienen que responder a una característica básica: la sociabilidad. Tienen que ser afectuosos con las personas, inquietos y responder a los estímulos externos -ruidos, luces, etc.- sin agresividad.

La raza no es un aspecto decisivo a la hora de la elección. Es más, los animales mestizos pueden resolver mejor los conflictos. Oscar Suárez, uno de los coordinadores del congreso, señaló que éstos siempre se encuentran con situaciones complejas, “lo que les permite ser más ingeniosos a la hora del conflicto”, subrayó.

Los líderes dicen que los animales no deben aburrirse de realizar un mismo ejercicio porque después se distraen y les cuesta mucho más alcanzar el objetivo. “Siempre tienen que estar jugando y en busca de una recompensa. Ellos no saben que están ayudando por eso hay que predisponerlos”, indicó Cecilia Ponce, una pionera del grupo mendocino.

Los instructores no dejan de recalcar la necesidad de tomar clases teóricas sobre socorrismo. Por eso aprenden a entrar en una estructura colapsada, cómo enfrentar un lugar con contaminantes químico, además de los conocimientos técnicos.

 

Para saber comprenderlos

 


Algo menos de 14 mil años separan al lobo -ancestro del perro- del perro. El ser humano transformó a los cánidos salvajes en el primer animal domesticado: el perro.

El ladrido. Las situaciones en las que puede aparecer son varias, así como su significado. La función principal es la defensa frente a personas o perros desconocidos y la protección del territorio. No siempre indica agresión, para poder interpretarlo como tal hay que analizar el resto de señales comunicativas del perro, en especial las de tipo visual.

El aullido. Los perros pueden aullar de forma parecida a los lobos. En éstos el aullido es utilizado para mantener la unión de la manada y como sistema de comunicación durante la época de apareamiento. En cambio, los perros suelen aullar en respuesta a ciertos sonidos de alta intensidad, como la sirena de una ambulancia o las notas de un violín. Este tipo de aullido es normal.

El gruñido de un perro se considera una señal de agresividad. Nunca se debe provocar a un perro que gruñe, ya que puede morder.

El gemido tiene diferentes significados. Los cachorros suelen gemir para pedir la atención de su madre. El perro adulto puede gemir para escapar de una situación que le produce miedo o dolor, o para obtener algo de sus dueños.

 

 

El congreso

 

El Primer Congreso Argentino de Perros de Búsqueda y Rescate lo ha organizado el grupo K-Sar Aconcagua Mendoza.

Comenzó el 27 de enero y culminará el sábado 8 de febrero.

Participan 20 perros y 35 instructores.

 

Fuente: Diario Los Andes

Fecha: 7 de Febrero de 2003

 
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